27 abr. 2009

Pensamientos y reflexiones en "A la luna, a ti, mi cielo, y a mis queridas estrellas"






No preexiste la norma que te hará feliz, no se ha prefabricado el mito de la paz interior ni es un invento la defensa del amor de tu vida...

Pero las emociones no admiten ser encarceladas. Cuando las emociones se sienten convictas tarde o temprano reclaman su libertad. En su hoja de reclamaciones nos amenazan con la tristeza, con la depresión, con la intolerancia y la irritabilidad, con la dejadez o con la perdida de las ganas de vivir. Son amenazas reales, que en mayor o menor grado acaban ejecutándose, y que nos hacen pagar nuestra cobardía. Porque, aunque la disculpa de la inconsciencia pueda librarnos parcialmente de la culpa, cobardes somos cuando, por negarnos a enfrentarnos a las perturbadoras realidades, encerramos nuestro corazón y le privamos el acceso a sus naturales sentimientos.

Piensa siempre que solo si eres tenaz en el rastreo de tu quimérica historia, la utopía, abrirás la posibilidad de darte un paseo por la gloria.

Desde mi adolescencia intenté construir una vida centrada en la entrega incondicional a los seres amados y en la sumisión a unos principios que asentados en la nobleza y en la honradez habilitaban la posibilidad de cualquier sacrificio y facultaban la negación de anhelos, voluntades y sueños. En ese recto camino construí la morada de mis vivencias, un hermoso hogar compartido con valiosas compañías, un precioso cobijo construido con bellos sueños y decorado con ricos ambientes y preciadas pertenencias. Pero en mis esfuerzos por edificar y a la vez asegurar lo edificado demasiado a menudo obré más para agradar que para satisfacerme. Actué insistentemente priorizando las pautas que definía lo que yo consideraba que de mí se esperaba y olvidé con frecuencia las que mis propios deseos hubieran diseñado. Nunca me di cuenta de que uno no puede cimentar su vida en tierras ajenas y con hormigón prestado, por muy hermoso que sea el paraje elegido y por muy sólido que se presente el mortero. Las ansias, las pasiones, las preferencias y las ilusiones son fructíferas herramientas que pueden y deben ser compartidas en la construcción de proyectos comunes, pues si son obviadas tarde o temprano llamaran a nuestra puerta para reclamar sus derechos. Cuando uno comienza a presentir que vive más para los demás que para sí mismo sin querer se va volviendo descuidado y a la vez va anestesiando sus impulsos pues detecta que algunas realidades que los empujan empiezan a hacerse demasiado incómodas. Y la rueda sigue girando... La rueda gira cada vez de forma más temeraria para nuestro equilibrio y el instinto de autoprotección nos incita a fortificar cada vez más la celda donde nuestras emociones se refugian.

Si riegas al amor con las lágrimas del miedo estarás abonando una planta venenosa que liquidará tu esencia.

En el ruedo de la convivencia no puede haber gato encerrado, pues antes o después promete lo clandestino arañar tu sino.

Uno se pasa más de media vida preguntándose cual es el secreto de la felicidad. Al menos éste ha sido uno de los dilemas que más ha regado el cauce de mis meditaciones durante muchos años. En mis observaciones pude constatar tremendas contradicciones que despistaban totalmente mi lógica: ¿Cómo podía ser que en el rostro de algunas personas que no tenían casi nada se reflejara tan claramente aquella sonrisa interior tan intensa que parecía eterna? ¿Qué hacía, en cambio, que en los ojos de tanta gente acomodada se dibujara aquella deprimente amargura? ¿Era realmente la felicidad un estado momentáneo que se podía comprar con la alegría de las vivencias o con la riqueza de las tenencias o podía realmente, como siempre pensé, asimilarse como una condición inherente a uno mismo, como una cualidad más de la complexión anímica que nos define?

Soñando despierta avivarás tus ilusiones, pero si nunca llamas a la puerta de tus fantasías finiquitarás tus pasiones.

Dora liberó mis emociones y en su puesta en escena mi sensibilidad me mostró la fantástica magnitud que el imperio de los sentidos puede adquirir. Continúo gozando con la atenta escucha de la brisa marinera. Sigo emocionándome cada vez que reencuentro a mi luna y a mis queridas estrellas. Quizás nuestras citas son ahora más calladas pero no por eso se han vuelto menos intensas. Conservo también aquella esperanzada mirada que atiende con alegría lo imprevisto y atesoro aún aquella sonrisa que en la espontaneidad de pequeños revelaciones reluce toda su cordialidad. Mi espíritu ha rejuvenecido como si el cáliz lleno de vida que probó le hubiera regalado un bello renacer y mi camino ha vuelto a iluminarse con las esperanzadas luces que los nuevos sueños encienden.

Quien se aferra al suelo pantanoso verá como los huertos que abastecen sus esperanzas rechazan ser nutritivos.

Un amor nunca entregado puede durar dos años, y más, y toda una vida. Aún oculto en las sombras del alejamiento un corazón que ha aprendido a amar puede resistirse a renunciar al estelar brillo que un día despertó la magia del enamoramiento. Y si se resiste deberá aprender a convivir con la ausencia, deberá aprender incluso a ir olvidando a la mujer que adora. Y si se resiste puede acabar limitándose a amar su insostenible experiencia, su quimérica ilusión. Y al hacerlo no estará ni mucho menos engañando a su futuro con sortilegios del pasado, estará manteniendo una muy preciosa flama que le va a envolver con una encantadora aureola, que le va a otorgar una primorosa fuerza para encarar lo que le atiende en el porvenir.

Cuando amas alcanzas a abrir las celosías que guarecen tus sensibilidades y todo se presenta más precioso, y todo te invita a vivir.








Si amando debes renunciar al amor para asegurar la felicidad de tu amada en tu retirada no acabas hallando un martirio, sino una plácida paz.

En la elegancia del querer se perfila la magnanimidad del ser querido.

Nadie puede mandar en sus sentimientos y, cuando estos son puros, nunca pueden hacerte sentir culpable.

Aunque la verdad ya no se estila jamás dejará de ser la protectora de la razón.

Saber amar debería ser algo extremadamente fácil pero con demasiada frecuencia nos perdemos en el abuso de aquellos sucedáneos que nos enseñaron podían ser más útiles y menos sufridos. En la infancia muchos aprendimos que en el amor uno puede ser egoísta, que amando podemos reclamar en la exigencia nuestros derechos, que el sufrimiento nos otorga el poder de hacer sufrir y que los vínculos creados por la sangre, por el tiempo o por la asociación de proyectos tienen más fuerza que la forma que en el uso les damos. Y no es así, ¿verdad? El amor es solidario y debe ser generoso. El amor debe conllevar, tanto en su entrega como en su recibo, paz y armonía. El amor necesita cuidados y nunca nos llega con garantías de eterna duración.

En la discusión se hace el querer añejo, en el grito y el resentimiento se forma el poso de la aversión.

En mi narración pretendí siempre esconder la magia de un corazón enamorado. Escribí con los sentimientos, me inspiré en las sensaciones y quise seguir la pauta que mis ilusiones me marcaban. Mis pensamientos se bañaban en la dulzura de un inesperado despertar y en el teclear de las letras iluminaba la pantalla del ordenador con el brillo de dulces esperanzas. Aprendí a jugar con el lenguaje para poder mostrar la primorosa beldad de lo que sentía. Mi amor fue la musa, de mi alma surgían los argumentos y mi oronda imaginación les daba forma. Traté de ser ordenado pero muy a menudo, quizás demasiado, me dejé llevar por el encantador y anárquico embrujo que del amor surgía. Aún intentando pincelar la más fina lindura en ningún momento pensé en crear una obra de arte literaria. Si mis escritos resplandecen para alguien lo harán más por su contenido que no por su esmerada redacción. Debo reconocer que me siento orgulloso de lo que escribí, pero en mi interior el orgullo por lo que sentí luce mil veces más.

No preexiste la norma que te hará feliz, no se ha prefabricado el mito de la paz interior ni es un invento la defensa del amor de tu vida...

Entonces juntos deberemos dar gracias a la vida por permitirnos amar y, quien sabe, quizás también conseguiremos mostrar nuestro eterno agradecimiento al amor por permitirnos vivir.

Lo dificultoso siempre se resiste pero si lo niegas entonces ya nunca podrá acaecer.

Recuperé mi ser y en él puede constatar que aquello que yo pensaba que me había estado hundiendo se había intensificado de forma extraordinaria y al hacerlo me estaba convirtiendo en algo de lo que debo estar muy orgulloso: soy un hombre extremadamente sensible, profundamente idealista, con grandes dotes creativas y por naturaleza muy luchador. Mi vida precisa nutrirse de aquellos quereres que pagan tu entrega con una real y plausible correspondencia. Dejaré libre mi estimada capacidad de amar y en la era donde mi cariño extienda sus semillas ricas y generosas cosechas me esperan. Me he vuelto más exigente, mucho menos tolerante. No puedo ni quiero seguir financiando falsos amores y amistades comprometidas. No voy a sufrir más por creerme obligado a mantener ninguna mentira. Seguiré entregándome con honradez y desinteresado afán a repartir mi cariño entre todos aquellos que quieran acceder a mí. Seguiré, sí, pero con el tiempo voy a mantener sólo aquellas relaciones que en mi percepción se edifiquen como auténticas. Soy quien soy y mi forma de ser gustará más o menos, pero nunca más permitiré que sea utilizada con fines egoístas, nunca jamás dejaré que mi amor sea despreciado con la voluble excusa del no aprecio. En la libertad de los demás a correspondernos reside nuestra libertad a rechazarlos.







Pues sí, la vida puede ser muy hermosa. Y si lo dudas deberás creer. Cree en la magia del inoportuno hado, cree en los ideales que marcaron cada despertar, cree en la fuerza del amor y aplícala, cree en la pureza de la amistad y búscala, cree en ti y, por favor, déjate ir... Marcha, grita a los cuatro vientos tus sentimientos, vuela y libérate, imagina y fantasea, aprende a amar y ama y, no lo olvides: ¡Vive!


Haz bellas las cuerdas con las que presionas los soportes que sostienen tu firmeza, pues de su entereza va a depender que tu vida se corone con maravillosa guirnalda o se tambalee por la tensión de ataduras ajenas.


Ser uno mismo no es nada fácil. Demasiados factores condicionantes, experiencias, circunstancias, opiniones,..., habrán procurado y procurarán alterar nuestro natural carácter, nuestra innata personalidad. Para calmarlos muchos habremos configurado un ser artificial que para mantener su banal proceder deberá enterrar sus emociones.


La herida leve aceptará radicales cortes como remedio. Los graves males requieren suaves curas que liquiden su asedio e inviten a un suspiro que jalee un largo respiro.


Aunque admitamos que en la percepción todo es relativo, aquello que disminuya con constante insistencia nuestra confianza debe ser corregido y aquello que se nos presente con insistente constancia como una falsedad, como una contumaz mentira, debemos rechazarlo.


Pueden los mismos tratados comportar muy distintas emociones: lo que para unos pisa su agrado hasta provocar un espasmo de disgusto para otros encarga el más jovial entusiasmo.


La vida es bella. No debemos disfrazarla, no podemos obviarla. Formamos parte de la naturaleza y eso nos convierte a todos en únicos y valiosos tesoros. Debemos integrarnos en nuestro paisaje y abrir nuestros sentidos para que puedan enriquecer nuestra sensibilidad con la percepción de mil maravillas, con el afloramiento de mil sensaciones. Hermosa es la tierra, limpio debemos percibir el aire y enigmático y mágico puede llegar a ser el cielo. Si aprendemos a coexistir con nuestro hábitat conseguiremos escuchar nuestro corazón. Y él nos contará mil fantasías, y él nos llevará presos del amor hacia parajes nunca imaginados, y él nos mostrará el camino de las usanzas constructivas, y él, sólo él, nos empujará con un cada día renovado ímpetu hacia el reino donde la diosa felicidad anhela gobernarnos.


Si entras a nado en el real lago de los romances no infrinjas los cristalinos remolinos con adusto humor, sumérgete con abierto talante y goza.


Debemos condenar toda razón que no contribuya a enriquecer nuestro espíritu. Pensar no nos da la vida y demasiado a menudo nos la complica. En el sentir debe apoyarse el vivir y queriendo y siendo queridos hallaremos la fibra que vigorizará nuestro existir. Si andamos con paso seguro habremos hallado la senda de nuestra verdad.


Entre lo que digo y lo que hago nunca puede haber grandes extensiones de discordancia, si no quiero ser mendigo de la más corroedora inseguridad.


Engañados iremos si esperamos alquilar nuestra esencia con fiestas y guirnaldas que acicalen las realidades que acosan nuestro bienestar, pues en su conclusión el arriendo nos devolverá el depósito de nuestra frágil moral. Errados estaremos también si creemos adormecer nuestro descontento con aquellos fármacos que hunden las tensiones hacia el fondo de los subconscientes, pues ante el menor contratiempo nuestra mente removerá ese asiento y las turbaciones asediarán aún con más brío nuestro equilibrio.







Impón la veda a todo aquello que tu corazón desdeñó, nadie te va a aconsejar mejor.


Nadie soy para aconsejarte. Nada me otorga ese derecho y en nadie me convierte mi delicada situación actual. Mis reflexiones no merecen más importancia que la que tu quieras darles. Si decides no prestarles ninguna atención, entonces seguiré siendo aquel nadie que para ti nunca existió. Si de algo te sirven, en cambio, podré decir que con mis letras emigré de la nada y pude ser, para ti, ese alguien que, aunque fuera en poco, en algo te ayudó.


Si alguien te impone arengas que impiden claramente tu bienestar no aceptes su encargo sin vacilaciones, averigua primero si en sus intenciones se amaga el egoísta querer o el altruista amar y después decide y haz lo que tengas que hacer.


Sé siempre consciente que aquel que te halaga en demasía puede encubrir en lo que con sus lisonjas te pide una exigua, interesada y breve inspiración.


Y, como en un seísmo que en el destruir construye, con su renacer mi visión me mostró unos mundos donde el sufrir termina y la pena huye, donde las almas dejan su alacena y vuelan, donde los corazones ondean sus banderas con calmas canciones, con largas esperas sin cargas ni oscuros reversos, con puros y románticos versos que se disfrazan de prosa para amagar sus cánticos, y que en su ondulado viaje cazan los sueños para venderlos a sus dueños con la amorosa percepción de aquel paisaje donde la amada espera al enamorado, donde tu única religión reza para tenerla siempre a tu lado.


Permite que tus sentidos actúen como esponjas, porque con cada sensación que filtren para impregnar tu esencia decorarán tu dicha con inestimable delicadeza.


El amor podrá confundirse con muchas cosas, seguro, pero nunca con la ambición de un status. Vivir en el lujo te puede conllevar una seguridad en muchos campos, pero si en tu corazón no se implanta el amor hacia tu pareja a tu equilibrio emocional le pueden pasar dos cosas: que se vuelva frío como el hielo y decida buscar lo que no hay en casa afuera o que se torne frágil y termines sintiendo que vives en una prisión de oro.


El querer no fía, el querer entrega sus complacidos afectos y aunque en su sustento precisa, niega con firmeza la exigencia de contraprestaciones.


En nuestro interior, en nuestra esencia o quizás en nuestra personalidad, en nuestra suerte y un poco en nuestro sino,..., en todos ellos o en alguno, en cada uno o en ninguno se halla esa fuerza misteriosa que acaba dominando el maravilloso campo sentimental donde se siembran nuestros cariñosos alimentos...


Los rectos raquitismos bañados de amarga tristeza nunca ganarán un envite a la soportable chicha calada de contento.


Si encuentras el exquisito nexo entre hacer el amor y practicar el sexo descubrirás como el orgasmo puede llegar a conmocionar tu agitada alma.


Mas esa lucha no debe darse por concluida con la satisfacción de haber conseguido amar y ser amado. Cuando piensas haber encontrado la pareja definitiva y empiezas a proyectar y a desarrollar una familia para tu anhelada eternidad descubres que la vida no te deja hacerlo fácilmente. Y es entonces cuando, si de verdad eres un poco ambicioso, debes procurar enfrentarte a ella para mantener, e incluso enriquecer, aquello que posees y que, mientras dura, te otorga una buena parte de la armonía imprescindible para vivir en equilibrio. Debes pleitear, así, con todas y cada una de las trabas que la supervivencia actual te presentará y solo así conseguirás, tanto en los triunfos como en las derrotas, fortalecer ese amor el máximo tiempo posible. Y ese litigio no es cosa de uno, es cosa de dos: hombre y mujer deben implicarse en la totalidad de disputas que la vida en pareja y la familiar conllevan y deben hacerlo, aunque en el resultado las posibilidades de cada uno impliquen niveles de contienda diferentes, con el máximo de esfuerzo en las dos partes y a la vez abarcando ambos cuantos más ámbitos mejor. Porque en el amor, como en muchas otras cosas, el acomodo por creer que ya está todo conseguido conduce más a perder que a mantener. Como tampoco sirve el traspaso de responsabilidades: él ya se ocupa de todo, ella lo hace mucho mejor,...; ni puede ser válido el eterno reparto de tareas importantes: tú ganas el dinero y yo me ocupo de los niños. Y es que el amor no es estúpido y, consciente de su inmensa valía, nos exige un pago diario para la manutención de su pureza. Así, hombre y mujer debemos asumir plenamente los dos principales roles que el querer que nos une nos ofrece: amador y amado y amadora y amada. Porque todos sabemos que resulta muy fácil recrearse en el recibo e ir olvidando el deber de dar y yo afirmo que aquellos que en el egoísmo se satisfacen sin querer satisfacer van segando poco a poco el amor hasta llevarlo irremediablemente a su destrucción. Esta condición, por sí misma, ya conlleva un reto difícil de alcanzar, pero nuestra factura comporta muchos otros requisitos y acaba siendo tan larga y complicada de liquidar que muy pocas parejas consiguen llegar al final de su vida habiendo mantenido encendida la misma flama que surgió en el origen de su amor.






Desnudo llegaste al mundo y en tu última ponencia deberás vestirte solo con las cálidas vestiduras que tu experiencia haya tejido.

Fecundo será el nido que guarece tu fortuna, la cuna donde se mece tu bienestar, si te avienes a trazar tu diario recorrido con el itinerario bordado por tus emociones.

Nadie se arrima con el lazo de la dependencia, las más sólidas ataduras llevan el nudo del amor.

Ante un leve desliz razona las causas, discúlpate si se precisa y procura que no vuelva a ocurrir. Si tu resbalón supone un grave porrazo, no tengas prisa, estima los daños, procúrate, si puedes, los apaños, las curas, pide perdón y levántate, sobretodo, levántate.

De entre las bullas de mil apuestos vientos deberás reconocer el verdadero soplo que dona cumplido sentido a tus vivaces necesidades.

Ata al poste de tu imperecedero cortejo a quien sepa amarte, pues con tal arte pocos vendrán a buscarte.

En el acoplo de lo que haces con lo que sientes reclama siempre honestos enlaces.

No olvides que el amor puede hacerse viejo solo vistiendo con ilustres honores.

No calientes demasiado la flama de lo que pides si antes no te has quemado con las lumbres de lo que das.

No lustres tu retrato pidiendo el ardor del deseo sino agradeciéndolo.

No acostumbres a tu pareja a tenerte, invítala a admirarte.

Un buen rato nunca puede compensar el sentirte reo de la culpa.

El primer perdón puede tener disculpa, pero cuando ya has oído cien, ¿no es más sensato dejarse ir?







No pienses que nada va a ser definitivo, lucha por cada suspiro y, sobretodo, lucha por sentirte vivo.


Allá donde te manda el instinto que tu alma erige debes ir. Olvida las travesías que el variopinto criterio de tu entorno te exige. Mueve tu vida con calma y protege el contorno de tus credos. Construye tu imperio y huye de las directrices que percibas como impuestas.


A una sensibilidad malherida no le des retiro en el recodo de las rendiciones, debes dirigirla de nuevo hacia la senda donde se esconde su vital instinto.


No analices los impulsos que mantengan vivas tus esperanzadas codicias, síguelos sin más. A aquel que quiera venderte tentaciones al precio de la supervivencia no le hagas aprecio, pues solo conseguirá perderte. No eches pulsos con aquellas arriesgadas intrigas que no tengan una cadencia vital. No meches tu memoria con injustificadas mentiras. No despiertes las iras de tu más seguro puntal, tu conciencia, con odiados compromisos. No sigas nunca un atajo para llegar a la gloria. Si viertes tu existencia sobre el muro de los lamentos no aparentes tener los permisos para poseer los más agraciados alientos. No encierres bajo los vuelos de las prudentes alas de la impotencia tus recelos a volar. No erres con temor a rectificar, pues tu error podría condenarte.


Si tu corazón canta ilusionado no dejes que su balada sea vana, danza a su son y déjate llevar por su tonada.


Con el fregar de la brisa más resplandece el arco iris en el cielo. Con el brillar de tu sonrisa, ¿no lucirán más las flores en tu pelo?


¿Por qué decoras la cana? ¿Por qué no osas mostrar tu añejo resplandor? Aquel que te vea arrugada en su indolente visión ignorará tu corazón. Aquel que reza por tenerte suele verte igual de resplandeciente. Enlaza el pasado con el presente y muéstrate tal cual estás con descaro. En el vivir tu exterior no se ha vuelto raro, tan solo se ha dibujado con el fulgor de tus vivencias.


Debes aprender a explorar las miradas, pues en lo profundo de la vista yacerá la respuesta más sincera a tu presencia.


Cuando un terremoto derrumba una construcción no se puede cimentar una nueva fortaleza sin antes limpiar bien las ruinas que quedaron. Si negamos esta lógica norma solo podremos optar a proyectar una frágil e inestable casita de papel. Así, si tu sol se perdió en uno de aquellos injustos chascos que el destino nos fuerza a aceptar, negar el llanto por lo extraviado puede no ser lo más aconsejable. Porque si tapamos nuestra rabia con el manto de la simulada indiferencia quizás conseguiremos protegernos de una temporal y terrible ansiedad, pero a la vez estaremos atascando nuestro camino hacia nuevos horizontes y ocultando aquellas estrellas que deseamos ver. Las lágrimas, cuando las dejamos caer libremente, no son malas. Con ellas enjuagamos las penas y con ellas abrimos la puerta para que nuestras angustias marchen, para que nuestra ira salga y luche por calmarse.


No nvadas tu mundo con la apuesta del poder, conquista su verdadera esencia con la apetencia de querer y serás más importante y, desde luego, serás más feliz.


Cuando una relación esencial se quiebra nuestra tendencia natural nos empuja a sentirnos víctimas. Lo más fácil suele ser traspasar las culpabilidades hacia el otro lado y en el desconcierto por lo ocurrido presentar al mundo aquella sensibilidad herida que tanto nos duele.


No, no podemos superar un problema si antes no hacemos un profundo análisis de todo aquello que lo ha motivado y valoramos y aceptamos nuestra participación en las causas del litigio. No debemos rechazar este acto de constricción. Si nos negamos a echar ese lastre e insistimos en ganar nuestra inocencia apostados en el victimismo seguiremos anclados en un puerto donde las depresiones nunca zarpan.


Aunque no siempre sea justo, aunque en la percepción de algunas profundas contusiones nos cueste asimilarlo, al final uno debe llegar a la conclusión de que pocas veces, muy pocas, podemos sentirnos víctimas de la vida. Si consideramos que en el desarrollo de la mayoría de las circunstancias que nos toca disfrutar o sufrir somos en parte partícipes todo nos será más fácil. Somos cómplices de nuestra vida y a sabiendas de nuestra complicidad debemos sentirnos obligados a resurgir cada vez, a renovar las fuerzas para poder pilotar con mayor ímpetu la nave que guía nuestro sino. Por y para nosotros y para todos aquellos seres que nos aman y nos necesitan hemos de levantarnos y recuperar la banderola del equilibrio para poder gritar al mundo, con orgulloso convencimiento y esperanzado nervio, que estamos aquí. No tiene porque ser fácil. Mil razones pretenderán impedírnoslo, pero si intentamos valorarlas nos daremos cuenta que en sus fundamentos se solivianta el rencor y en sus argumentos se cobija el miedo. Y no debemos escucharlas. Debemos dejarnos llevar por el corazón, aunque esté resentido y no quiera ofrecerse más, porqué sólo si lo obligamos de nuevo a ejercitarse iremos recuperando, en un plazo más o menos corto o largo, aquella pureza que nos trae la ilusión.








Déjate llevar por tus sueños y cuando encuentres el amor aterriza.


Por ti convienes a cuidarte. Por ti vas a embellecerte. Por ti enternece tu mirada. Por ti engrandece tu presencia y por ti tienes que vestirte de seda enamorada. Porque, si no es por ti, ¿quién va a quererte bien?


No permitas que el temor al fracaso genere artificiales desdeños.


Tu cuerpo no es una pista de pruebas. Tu cuerpo no puede ser un tifón apaga fuegos. Tu cuerpo no debe ser nunca la prenda que paga una ofrenda ni una pequeña reseña de ningún contrato. Tu cuerpo se diseñó para amar y ser amado y para tan elevado objetivo está vivo.


Tapiza siempre tu entorno con el acogedor raso de la amistad.


Dejando pendientes imperiosas soluciones que te alarman, forzando la unión de lo que se divide, tapando con bienes lo que adoleces, ocultando tu perder tras las necesarias permutas, evitando romper las armonías de diversos inocentes,... El inventario de las ordinarias fullerías que aguantan algunos matrimonios lo conforman muchas y diversas excusas... Y es que cuando el amor te trata mal, te sientes habilitado para insultarlo...


Penosa será tu vida en pareja si debe asegurarse detrás de una reja.


Trovadores cantarán algún día, por los que callaron, unas baladas que aclamen la casta de los amores desprendidos, unas romanzas que proclamen con entusiasta melodía y aturdidos sones el asesinato de millones de penalidades, acabadas con lanzas dulcemente envenenadas, fallecidas sin más heridas que la marca de un beso o la bella huella de una caricia.


Con inocentes encías muerde el bebé el pecho que le alimenta. Con los dientes por nacer riega su gana sin tiento pero con su delicada mirada nos cuenta con ufana coartada que lo hecho no atenta contra la renta de su cariño, sino que más bien la origina. En la novicia rutina de un niño, en su salvaje pero pura ternura, hallaríamos muchísimos modelos de cómo podrían ser aquellos amores que acaricia el más amado sueño...


Y es que el amor con amor se paga. Y cuando este es verdadero y se cuida con esmero, los huracanes traen nuevas esencias y las tempestades riegan las carencias para fortalecer aquellas realidades que unen, aquellos afanes que no se pliegan ante nada.


Alguien muy sabio escribió una vez algo así: “No llores porque has perdido el sol pues las lágrimas no te dejarán ver las estrellas...”. Suele pasar, pero, que algunas veces, ante lo que percibimos como grandes pérdidas, pretendemos callar el que debería ser un desesperado llanto con fingidas actitudes, aparentemente orgullosas, que pretenden convencer al mundo de nuestra entereza. Firmes quieren ser nuestras palabras, alegre se quiere mostrar nuestra sonrisa y con un posado enmascarado de equilibrado trajinar actuamos como si nada hubiera pasado, como si aquello que vino a rompernos la feliz existencia estuviera ya superado. Más con nuestra prisa por volver a edificar un resistente porvenir cometemos un craso error.






A veces las sentencias que pueblan nuestras teorías surgen de las experiencias vividas, o soñadas. A veces nacen de las contradicciones y a veces simplemente brotan del no siempre pautado hecho de pensar.


No dejes nunca que la tristeza se coma la jalea de tus queridos ojos. No uses la pereza como una goma que borra las corazonadas. No permitas que tus atentos sentidos queden jamás cojos. No seas atea con las inocentes creencias que con cuentos de hadas fundaron tus primeras ideas. No te alejes de los vehementes sueños que inundaron tu juventud. Escucha tus impaciencias y no cejes en tus empeños. Deja volar tu inquietud y no tengas prisa en amar. Busca siempre aquello que enternezca a tu sonrisa. No seas, por favor, otra que no se parezca a la que quieres ser.

En el candor de lo bello debes hallar tu ideal, en el portal del amor encontrarás la razón y en lo más profundo de tu corazón un hermoso mundo te estará esperando. Andando por la senda de las ilusiones, sin venda que oculte el objeto de tus más puras pasiones, darás con el tan desdeñoso secreto que la felicidad esconde. La verdad debe estar en ti, en lo que sientas.

Abandona aquellas amistades que intuyas que son malas, pues tus sentimientos tienen un coste que jamás podrán pagar.

Ante los percances no finjas cauta calma, esboza soluciones y luego las pintas con aquella elegida pauta que crees será la mejor medida.

En la tierra se dan más ánimas errantes entre los vivos que entre los muertos. Odiosa verdad, una realidad que espanta pero que nadie me ha negado.

Andando al son de un sentimiento debes sentirte emocionada: cual princesa, cual cantora, cual flor que se abre el amor siempre estrena una ilusión.

Si lo que lees acrecienta tus penas olvídalo. Aquel pensamiento que aleja lo que se espera debes también ahuyentar. Si el nexo entre tu reflexión y tu ilusión no revienta la esperanza se merecerá una alabanza. Si en la calma de lo vivido y lo que vives se halla la paz, si en el equilibrio entre lo dado y lo recibido encuentras un sobrio bienestar, si en la animada expectativa de lo que te aguarda no falla tu intuición, entonces haz lo que debes: no busques en la lectura y sigue dejando que tu vida te invite a vivir.

Vivir viviendo es vivir muriendo cuando uno ha vivido, aunque sea solo en sueños, la vida en un vivir amando. Vivir amando nunca podrá ser sinónimo de vivir queriendo. El vivir amando que tu me has invitado, aunque sea sin saberlo, a descubrir te puede regalar una vida en un solo instante, con una caricia, en un beso, en un “soy tuya” que se murmura velozmente pero que acaba sintiéndose eternamente, en la profundidad de una mirada que puede llegar a reflejar la intimidad de dos personas como si en verdad fueran una sola,... El vivir amándote que yo anhelo haría de mi mundo un maravilloso paraíso, daría más sentido a un sólo día que a la suma de todas y cada una de aquellas existencias que se limitan a existir. Y es eso, tan sólo eso, lo que yo quiero. Solo quiero, ¿o quizás es mucho? No, yo creo que más bien seria todo, aquel todo que puede llegar a completar a una persona hasta tal punto que al no necesitar más todo lo tiene, que al no desear más a todo llega, que al no pedir más todo le satisface. ¿Acabo, quizás, de definir la felicidad?

Dicen que el amor lo puede todo y yo me pregunto: ¿Si no lo tenemos todo es que no tenemos amor? Claro que no tardo mucho en responderme que acabo de plantear una solemne bobería. Porque soy muy consciente que cuando amamos y nos sentimos amados de verdad ese todo que anhelamos se reduce hasta acercarse muy mucho a lo que ya tenemos.





Reta el corazón a la voraz sinrazón: en el desacato de las ilusiones hallarás el modo de generar tensiones.


Modela tu verdad y fortalécela en el horno de los reales hechos, pues ante los lechos de los satisfechos vela la diosa felicidad.


Si el enamoramiento te prenda espera que pasen las primeras pasiones y, antes de traspasar el umbral del futuro, tu sentimiento deberá ser distinto, más nunca inferior, tu ardor puede decaer, que no desparecer, y de la confianza, la admiración y la esperanza deberá surgir aquel puro aliento que implanta una sana vocación de porvenir fusionado.


Introduce siempre en tus oraciones también tu ventura, pues oscura será la de tus seres queridos si tus bríos acaban nunca malheridos.


Porque no es lo mismo tener que poseer y aquellos que prefieren llenar el baúl de los recuerdos de caprichosas anécdotas pudiendo colmarlo con impagables experiencias acaban siendo trotamundos en la inerte tierra de los inapetentes espíritus.


El amor y el desamor, a pesar de que nos puedan parecer desde fuera inesperados e incomprensibles, deben o deberían ser siempre aceptados como una parte natural de nuestra existencia.


Perdonadme todos, por favor, y perdóname tu, mi amor. Pero, insisto, yo no he sido. Vivo para amarte y al no tenerte muero. Sueño que eres mía y al despertar y no verte me desespero. Solo espero el mañana con el deseo de recuperar aquel ayer en que me hablaste, aquel ayer en el cual tu sonrisa me inyectó un poquito más de vida. Espero para decirte y planeo tus respuestas como si fuera una película que nunca rodaré. Escribo para ti y con profunda pena aprisiono mis letras en el temor de no ser correspondido y te alejo de mis escritos por el pensar que no seré entendido. No, yo no he sido, yo no soy, no soy yo. Soy tan solo un títere en manos del amor, soy un pobre espejo que no puede reflejar la imagen querida, soy un hombre cobarde por no luchar por un sueño y a la vez temeroso de no verlo nunca realizado, soy un vagabundo perdido en un laberinto donde ni las ilusiones ni las realidades pueden hallar salida.


La cordura de nuestros actos no reside tanto en la lógica que los concibe, ni en la funcionalidad que los motiva. Pues en el anhelo obramos con pasión y en la búsqueda de los sueños usamos el corazón. Pues en la inocencia de un paso lustramos el camino y en el cariño que emana de un evento enternecemos su consistencia. Pues en un obrar con nobleza afirmamos nuestra humanidad y en la limpieza de unas intenciones resaltamos la pureza de nuestras acciones. Y si nuestro proceder deseoso, soñador, inocente, cariñoso, noble y limpio acaba aparentando locura, ¡que vivan los locos, pues de ellos será el más hermoso cielo nunca imaginado!








Vivimos en un mundo donde cada vez más los sueños son tachados fácilmente de utopías y descartados por su irracionalidad. Vivimos en un mundo lleno de deprimentes realidades y en nuestra decadencia las ilusiones acaban disfrazándose de ilusorias ridiculeces, y en nuestra ruina las soluciones justas y normales terminan alejándose tanto que tienden a parecer locuras. Llamamos loco al soñador y al justiciero lo condenamos por hipócrita. Centrado y equilibrado será el hombre que sigue las pautas marcadas sin protestar, y al que se aprovecha de los preceptos del juego terminamos admirándolo por poderoso. Toleramos a los que se hunden en la rendición y miramos mal al que se rebela. ¿Qué clase de mundo tenemos?


Los más apasionantes sueños nos elevan, nos llevan volando hacia las nubes. Allí y solo allí los ángeles de la gloria nos acariciarán con un poco de su magia, con un mucho de su ilusión. ¿Cómo vamos a conseguir tal maravilla si nos pegamos a la real tierra?


El tiempo raramente se pierde, y menos aún cuando depende de nuestra voluntad su destino.


Venden diamantes las presumidas conciencias y dejan sus blancos rotos, pues con sus amantes sugestiones no suscriben contratos.


No osas pedir garantías al destino, por muy ducho que seas, pues sabes bien que jamás las recibirías. Y al final, aunque no quieras, cazas lo que te vino, lo abrazas y lo encabes en tu fortuna. Pues aprendiste ya en la cuna que tratar de salir del canal al que el río de la vida te ha llevado no tiene porque ser inteligente.


Cuando mis hijos eran pequeños recuerdo que solía dormirlos en mis brazos. Aunque era cansado me encantaba acunarlos y cantarles aquellas nanas que me inventaba con algunas de mis melodías más queridas. A veces pensaba que ya se habían dormido y seguía teniéndolos un rato. Eran momentos de una ternura suprema y todo mi ser sonreía al contemplarlos. Y entonces ocurría: abrían sus ojitos y me miraban, se aseguraban que yo seguía allí y luego volvían a dormir. Con un suspiro de tranquilidad cerraban su inspección... Que preciosa experiencia... Solo para vivirla ya valía la pena nacer... Porque aquel suspiro le daba un sentido muy especial a mi existencia. Y le sigue dando... Mis hijos han crecido y ya no puedo mecerlos, pero aun siento muchas veces aquel suspiro: en un beso, en un “te quiero papá”, en un abrazo, en una mirada o en un gesto percibo aún periódicamente aquel tranquilo suspiro que dice: “Gracias por estar aquí...” Y es precisamente en eso donde debe radicar la magia del amor que mientras viva quiero ofrecerles. Pasarán los años y tarde o temprano escogerán sus propios caminos, pero quiero que tengan siempre presente que su padre, su papá, su papi, sigue estando allí.


El amor oculta muchos tesoros, preciadas joyas que pueden enriquecer una relación entre dos personas hasta convertirla en excelsa. La libertad es uno de ellos. La confianza debe ser otro… Yo soy libre para amarte y así me debo sentir. El amor no puede ser el pago de nada y nunca se puede tomar como algo obligado, ni en la magnitud ni en la forma. Si lo que siento por mi amada no es suficiente, si lo que muestro y lo que estoy dispuesto a dar no alcanza los mínimos entonces seguramente deberemos empezar a hablar de desamor. Pues si amo de verdad no dejaré lugar para las dudas, para la insegura desconfianza. Si amo de verdad mi pareja no precisará más explicaciones que las que le den mis miradas, mis besos, mis palabras, mis silencios,…


si le cortas las alas a tu amor, si le privas de la libertad, si pretendes encadenarlo a ti, no vas a conseguir mantenerlo, más bien lo contrario, obtendrás su alejamiento. El miedo a perder es normal y hay que luchar contra la desconfianza que produce. Si no sabes puedes acabar siendo tú quien provoque lo que más temes


Pasa presto el tiempo y a su lado pasa ligera la vida. A veces con el aburrimiento de cada espera se nos olvida su sentido. Otras su jubiloso discurrir paga con creces el impuesto al templo del caprichoso hado.


En el vertido de las vivencias en el foso del sentimiento se amaga la percepción que concreta nuestro estado anímico.


En la posesión de las tenencias intentamos hallar la veta que puede nutrir la paz de nuestra inquieta alma, más no calma tu andar el zapato por rico, sino por cómodo.







La felicidad de cada uno suele acurrucarse no solo allá donde deposita sus creencias, sino que también opta demasiado a menudo por agazaparse tras los muros que impiden la visión de aquellos lugares donde las utópicas ilusiones eliminan su discapacidad.

Los enamoramientos podrían perfectamente pasar como una de las más comunes causas de la chifladura pasajera: todo tu mundo parece desaparecer y en tu cosmos es inevitable la percepción de un único astro, aquel que adquiere la forma de tu amada y que, tomando su nombre, te ilumina y deslumbra anulando cualquier otra visión. El corazón manda y los sentidos se asombran al ver como se erigen en operadores de todos y cada uno de los pensamientos que traspasan nuestro cerebro sin dar opción a ninguna lógica ni a ningún juicio. La sangre parece fluir más deprisa, quizás porque el órgano que debe bombearla se aviva en el deseo de ver compartida su pasión, y todo nuestro cuerpo se prepara para la anhelada cita que nuestra ánima debe tratar de concertar. Se podría decir que es entonces cuando un hombre alcanza el punto álgido de su inquietud, pero al mismo tiempo nadie negaría que el enamorarse conlleva una paz interior, la que surge siempre en el prólogo y en los primeros actos de los supremos sueños alcanzados, difícil de igualar. La tensión de los cuerpos, así, suele propiciar de forma incomprensible el sosiego de las almas, produciéndose un mágico meneo que invita a todo nuestro existir a bailar una música celestial que combina dulces y tiernas notas con rítmicos y movidos compases.

Quisiera nacer de nuevo. Quisiera volver a empezar. Quisiera escucharte y escucharte y hablarte y hablarte hasta que nuestras almas se aproximaran tanto en el conocimiento que no pudieran ya vivir más separadas. Quisiera amarte y besarte hasta que mi piel adoptara toda tu esencia. Quisiera pasarme tres vidas descubriendo y memorizando cada rincón, cada sombra, cada curva y cada pliegue de tu femenino y sensual cuerpo.

En los nublados hemisferios donde nuestras intenciones preparan sus actos nacen las palabras. Son palabras, nada más. Serán más o menos bellas, más o menos nobles, habitarán simplemente nuestro pensamiento o dibujarán su forma en la escritura, sean como sean, pero, acabarán por no ser nada si la reina que intenta regir nuestro destino, nuestra voluntad, previa consulta a la corte donde la conciencia y el corazón acostumbran a saldar sus polémicas decide que esas palabras no deben regar su objetivo con aquella lluvia que transporta su designio. Y suele pasar que nuestras conciencias son más listas que nuestros corazones, o quizás más cobardes, y en aquellas batallas donde nuestro futuro se dirime no siempre triunfa lo más justo, o lo más hermoso, porque todos sabemos que detrás de lo que nos acecha vestido de beldad pueden ocultarse aquellos irreversibles tropiezos que nos hunden en el pringoso fango de la decepción. Y nos volvemos prudentemente miedosos y montados en nuestros temores no llegamos a dar muchos pasos hacia unas desconocidas consecuencias que jamás conoceremos.

Con esas, nuestras apuestas sin esperada ganancia, seguramente a veces nuestro existir se evita algunos graves disgustos, pero no deja de ser menos cierto que también a lo mejor dejamos escapar algunas maravillosas vivencias entre las cuales podría hallarse aquella sublime sorpresa que podría habernos sentado en nuestro viaje terrenal en la primera clase de los elegidos. Elegidos para la felicidad, elegidos para la genialidad, elegidos para la gloria o elegidos para el amor más preciado, ¿qué más da?, cuando el tren de las oportunidades pasa y no queremos pillarlo, ¿importa mucho querer saber qué hubiera pasado? ¿Sirve de algo vanagloriarse o arrepentirse de lo que no has hecho?

La vida suele llevarnos con su caprichoso deambular y solo en contadas ocasiones podemos rebelarnos contra aquellas determinaciones que intuimos como inoportunas maquinaciones.

Un hombre puede sobrevivir con los ojos cerrados, un hombre puede taparse los oídos, adormecer sus sentidos y enclaustrar sus pensamientos, puede incluso anestesiar su corazón y encarcelar toda ilusión. Puede hacerlo, seguro, pero su letargo solo durará un tiempo limitado. Porque en la ternura de un perfumado olor no percibido, en la melodía de unas palabras sencillas no escuchadas, en la elegancia de un gesto desaprovechado o en la suave simpatía de una mirada no respondida la trama escogida para presidir todos los sueños acabará, tarde o temprano, brindando la clave que desbloqueará aquellas vanas barreras con que se pretende enturbiar la existencia.

Han pasado dos meses y sigo sin encontrarme. Sigo sintiéndome como un ingenuo aprendiz de navegante perdido en el océano del amor y como tal he esperado en vano poder regresar a aquella tranquila playa donde refugiaba antes mi apacible existencia. Pero los vientos del este siguen transportando aun demasiadas ilusiones, disfrazadas con la brisa de tu fragancia, y el armonioso son de las olas no deja de imitar tu voz, no cesa de recitar poemas y cantar canciones donde el romanticismo acaba por confundirse con tu querido nombre. Y cuando mis ojos ponen la luz, ya cansados de buscarte en cualquier horizonte de cualquier lugar, entonces mi corazón te reencuentra y ante la luna de mis sueños dibuja tu rostro y le da un beso de buenas noches. Me siento como un pescador sin red que surca las aguas de su razón sin saber que rumbo debe tomar. A veces pienso que mejor sería alcanzar alguna isla donde poder olvidarte, o incluso odiarte. Intento entonces creer que tu no eres como te imagino, que eres mujer superficial y egoísta, que no puedes costar ni uno solo de mis anhelos... Pero mi mar vuelve a agitarse y mis sentimientos te devuelven la mágica y amada imagen del ser que nació predestinado a completar mi incompleta alma. Y vuelvo a percibirte como la mujer más bella, sensual, apasionada y viva que nunca he conocido, y vuelvo a disfrutar con algún recuerdo de algún encuentro. Y vuelvo a sonreír con la sola idea que, pronto o tarde, te volveré a ver y tu mirada acariciará la mía y tus palabras quizás me ofrecerán alguna pista que pueda regalarme alguna esperanza...










El mágico don que puede convidar a tu futura pareja a despertar sus sentimientos más nobles y puros no surge solo de tu agraciado físico ni habla únicamente con tu melódica voz, ese don no se puede comprar con ropas caras ni trampear con operaciones estéticas, porque ese don solo aparece en la pureza de tu corazón, en un mostrarte como realmente eres. ese don construye su imperio en el valle donde las miradas cómplices y transparentes realzan su admiración e invitan a la confianza, donde las sonrisas dulces y abiertas acarician el ego del ser amado, donde las palabras y los hechos miman la fuerza del querer, donde los besos y los abrazos convidan a las pasiones para ridiculizar su fuerza al mostrarles el verdadero poderío del amor, el que otorga la entrega de almas y el que surge de la comunión de deseos y proyectos, de la unión de dos corazones para convertirse en uno solo.

>Soy libre para amar, soy libre para soñar y de mi potestad debe nacer el poder de elegir que ilusiones pueden emocionarme y que ideales deben motivarme.


>Las únicas verdades absolutas residen en la ciencia y no se puede discutir sobre percepciones cuando la mayoría de las cosas que vivimos, sentimos o argumentamos por naturaleza no pueden dejar de nadar en la asombrosa charca donde la relatividad nos mancha con la diversidad.

>No podemos derrumbar aquellos sobrios pilares que aguantan nuestro existir y lo embellecen porque en su maltrato nos maltratamos a nosotros mismos y en su deshecho nos desechamos.

>Porqué soñar no está prohibido y de nuestras ilusiones a nadie debemos rendir cuentas, pues a nadie dañan y son y seguirán siendo, y a Dios doy gracias, las canciones más bellas con que nuestra alma arrulla nuestras fuerzas de vivir y nuestras esperanzas en el porvenir.

>Lo hermoso nunca podrá ser feo y que lo puro nunca podrá ser sucio.

>En el brillo de una estrella fugaz, aunque sea de otra galaxia, podemos hallar una ilusión, un anhelo que puede iluminarnos toda una vida.

>Pero está escrito en los designios de cualquier vida, por muy maravillosa que figure, que en la conquista del todo no debe esconderse la patente de la felicidad. Y en demasiadas ocasiones los aparentes éxitos terminan concluyendo en rotundos fracasos. Porque para aquellos que no se conforman con tener, para aquellos que buscan algo más que vivir acaba teniendo más importancia sentir que poseer.

>La vida enseña que cuando uno quiere alejar la percepción de algo no deseado muchas veces la oscuridad acaba escondiendo aquellas razones que pretenden empujarnos hacia ello.

>Lloran las almas al perder el hogar de sus sostenes y en el rostro de los desamparados se dibujan aquellas invisibles lágrimas que fluyen del triste corazón hacia el purgatorio donde las fracturas intentan soldarse y acaban por quebrarse. Lloran los hombres incapaces de aceptar aquellas condenas que en la suerte se conjuran para producir radicales mutaciones en los aparentes cobijos de su bienestar. Lloran los hombres el silencioso e invisible llanto que de la incapacidad mana y camuflan su diario proceder de sonámbulo andar y autómata sentir, ubicando los restos de aquellas ilusiones que jamás se rinden en los nocturnos sueños que desertan de la realidad.

>Suele pasar, pero, que los huecos que en los habitáculos de nuestro existir se producen son tapados a menudo sin que nosotros lo programemos. Las ilusiones perdidas tienden a generar nuevos sueños y los desamores crueles suelen engendrar nuevos amores.


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