28 nov. 2009

Del amor y el desamor: Pensamientos y reflexiones...

Vuelvo con una entrada de reposición... Un fragmento del libro "A la luna, a ti, mi cielo, y a mis queridas estrellas" que a mí particularmente me gusta mucho... Os ofrezco una encadenación de mensajes e ideas sobre el amor y el desamor, en prosa poética, que creo vale la pena leer o releer...

















En el campo donde libran sus contiendas mis muy diversos sentimientos actuales seguramente yacerán al final, malheridos o fallecidos, múltiples principios que hasta hace bien poco aseguraban mi vida. Pero no me cabe duda de que algunas ideas saldrán triunfadoras. De entre todas las reflexiones que desde esta inusitada romanza me acariciaron unas cuantas terminarán enarbolando nuevas banderas que dominarán la cima de mis creencias.
A veces las sentencias que pueblan nuestras teorías surgen de las experiencias vividas, o soñadas. A veces nacen de las contradicciones y a veces simplemente brotan del no siempre pautado hecho de pensar.
“Pienso, luego existo”. Razono, luego vivo. En cada expresión, en cada frase hierven numerosas imágenes y de ellas se evaporan diferentes derivaciones que nos ayudan a estructurar la cadena de nuestra particular ideología.
¿Jugamos? El tema: el amor. El tablero: el corazón. Las fichas: las palabras. Las apuestas: las emociones. Los jugadores: las encadenaciones lógicas de impresiones y pensamientos. Y los árbitros: mi forma de amar, de entender la vida y de admirar sin comprender, a algunas mujeres... ¿Empezamos?

¿Sabes?
No dejes nunca que la tristeza se coma la jalea de tus queridos ojos. No uses la pereza como una goma que borra las corazonadas. No permitas que tus atentos sentidos queden jamás cojos. No seas atea con las inocentes creencias que con cuentos de hadas fundaron tus primeras ideas. No te alejes de los vehementes sueños que inundaron tu juventud. Escucha tus impaciencias y no cejes en tus empeños. Deja volar tu inquietud y no tengas prisa en amar. Busca siempre aquello que enternezca a tu sonrisa. No seas, por favor, otra que no se parezca a la que quieres ser.
Deberías reflexionar...
En el candor de lo bello debes hallar tu ideal, en el portal del amor encontrarás la razón y en lo más profundo de tu corazón un hermoso mundo te estará esperando. Andando por la senda de las ilusiones, sin venda que oculte el objeto de tus más puras pasiones, darás con el tan desdeñoso secreto que la felicidad esconde. La verdad debe estar en ti, en lo que sientas. Allá donde te manda el instinto que tu alma erige debes ir. Olvida las travesías que el variopinto criterio de tu entorno te exige. Mueve tu vida con calma y protege el contorno de tus credos. Construye tu imperio y huye de las directrices que percibas como impuestas. Deja que tus dedos hagan sus apuestas sobre aquella piel que en las caricias arrulla tus más preciadas sensaciones.
No siempre es fácil comprender...
No analices los impulsos que mantengan vivas tus esperanzadas codicias, síguelos sin más. A aquel que quiera venderte tentaciones al precio de la supervivencia no le hagas aprecio, pues sólo conseguirá perderte. No eches pulsos con aquellas arriesgadas intrigas que no tengan una cadencia vital. No meches tu memoria con injustificadas mentiras. No despiertes las iras de tu más seguro puntal, tu conciencia, con odiados compromisos. No sigas nunca un atajo para llegar a la gloria. Si viertes tu existencia sobre el muro de los lamentos no aparentes tener los permisos para poseer los más agraciados alientos. No encierres bajo los vuelos de las prudentes alas de la impotencia tus recelos a volar. No erres con temor a rectificar, pues tu error podría condenarte.
Tampoco resulta fácil escoger el camino...
Abandona aquellas amistades que intuyas que son malas, pues tus sentimientos tienen un coste que jamás podrán pagar. De entre las bullas de mil apuestos vientos deberás reconocer el verdadero soplo que dona cumplido sentido a tus vivaces necesidades. Ata al poste de tu imperecedero cortejo a quien sepa amarte, pues con tal arte pocos vendrán a buscarte. En el acoplo de lo que haces con lo que sientes reclama siempre honestos enlaces. No olvides que el amor puede hacerse viejo sólo vistiendo con ilustres honores. No calientes demasiado la flama de lo que pides si antes no te has quemado con las lumbres de lo que das. No lustres tu retrato pidiendo el ardor del deseo sino agradeciéndolo. Con el fregar de la brisa más resplandece el arco iris en el cielo. Con el brillar de tu sonrisa, ¿no lucirán más las flores en tu pelo? No acostumbres a tu pareja a tenerte, invítala a admirarte.
Y qué difícil es a veces aprender a vivir...
Un buen rato nunca puede compensar el sentirte reo de la culpa. El marco de tu existencia nunca debe dibujarse como una reja. Por ti convienes a cuidarte. Por ti vas a embellecerte. Por ti enternece tu mirada. Por ti engrandece tu presencia y por ti tienes que vestirte de seda enamorada. Porque, si no es por ti, ¿quién va a quererte bien? El primer perdón puede tener disculpa, pero cuando ya has oído cien, ¿no es más sensato dejarse ir? Tu cuerpo no es una pista de pruebas. Tu cuerpo no puede ser un tifón apaga fuegos. Tu cuerpo no debe ser nunca la prenda que paga una ofrenda ni una pequeña reseña de ningún contrato. Tu cuerpo se diseñó para amar y ser amado y para tan elevado objetivo está vivo. No pierdas de vista aquellas nuevas personas que despiertan tus apegos pues en su amistosa espalda quizás podrás un día reposar tus penas. Impón la veda a todo aquello que tu corazón desdeñó, nadie te va a aconsejar mejor. Has bellas las cuerdas con las que presionas los soportes que sostienen tu firmeza, pues de su entereza va a depender que tu vida se corone con maravillosa guirnalda o se tambalee por la tensión de ataduras ajenas. La herida leve aceptará radicales cortes como remedio. Los graves males requieren suaves curas que liquiden su asedio e inviten a un suspiro que jalee un largo respiro.
Y es que la vida es una grandísima aventura...
Si alguien te impone arengas que impiden claramente tu bienestar no aceptes su encargo sin vacilaciones, averigua primero si en sus intenciones se amaga el egoísta querer o el altruista amar y después decide y haz lo que tengas que hacer. Sé siempre consciente que aquel que te halaga en demasía puede encubrir en lo que con sus lisonjas te pide una exigua, interesada y breve inspiración. Permite que tus sentidos actúen como esponjas, porque con cada sensación que filtren para impregnar tu esencia decorarán tu dicha con inestimable delicadeza. El querer no fía, el querer entrega sus complacidos afectos y aunque en su sustento precisa, niega con firmeza la exigencia de contraprestaciones. Los rectos raquitismos bañados de amarga tristeza nunca ganarán un envite a la soportable chicha calada de contento. Si encuentras el exquisito nexo entre hacer el amor y practicar el sexo descubrirás como el orgasmo puede llegar a conmocionar tu agitada alma. Pueden los mismos tratados comportar muy distintas emociones: lo que para unos pisa su agrado hasta provocar un espasmo de disgusto para otros encarga el más jovial entusiasmo. Si entras a nado en el real lago de los romances no infrinjas los cristalinos remolinos con adusto humor, sumérgete con abierto talante y goza. Ante los percances no finjas cauta calma, esboza soluciones y luego las pintas con aquella elegida pauta que crees será la mejor medida.
La vida no siempre puede resultar una apasionante aventura...
Entre lo que digo y lo que hago nunca puede haber grandes extensiones de discordancia, si no quiero ser mendigo de la más corroedora inseguridad. En la elegancia del querer se perfila la magnanimidad del ser querido. Aunque la verdad ya no se estila jamás dejará de ser la protectora de la razón. De cada consejo debes extraer tu reflexión y resolver si tu opción pasa por que sea atendido o apartado. En la discusión se hace el querer añejo, en el grito y el resentimiento se forma el poso de la aversión. No preexiste la norma que te hará feliz, no se ha prefabricado el mito de la paz interior ni es un invento la defensa del amor de tu vida... Lo dificultoso siempre se resiste pero si lo niegas entonces ya nunca podrá acaecer. Piensa siempre que sólo si eres tenaz en el rastreo de tu quimérica historia, la utopía, abrirás la posibilidad de darte un paseo por la gloria. El acoso no puede ser un desliz ni el mal trato que te veja la brida que somete a la pareja. Si riegas al amor con las lágrimas del miedo estarás abonando una planta venenosa que liquidará tu esencia. En el ruedo de la convivencia no puede haber gato encerrado, pues antes o después promete lo clandestino arañar tu sino.
Y si nunca te decides a vivir, te acostumbrarás a sufrir.
En la Tierra se dan más ánimas errantes entre los vivos que entre los muertos. Odiosa verdad, una realidad que espanta pero que nadie me ha negado. Soñando despierta avivarás tus ilusiones, pero si nunca llamas a la puerta de tus fantasías finiquitarás tus pasiones. Quien se aferra al suelo pantanoso verá como los huertos que abastecen sus esperanzas rechazan ser nutritivos. Cuando amas alcanzas a abrir las celosías que guarecen tus sensibilidades y todo se presenta más precioso, y todo te invita a vivir. Las engreídas vanidades no pueden tirar de renta pues son incapaces de aceptar la natural imperfección. Si en la posesión de tus íntimas necesidades no son poseídas tus perspicaces emociones no digas que has hecho el amor, limítate a explicar que saciaste una banal apetencia. Trágica y rancia puede ser la carencia de consorte más si por temor a la soledad la reemplazas por grises sucedáneos, quizás entonces tus legítimas percepciones se hundirán en un peor desgaste, en una patética circunstancia. No sises la autenticidad de tus afanes en la corte de foráneos edenes, acércate a sus plazas y funde con ellas tus planes. Las agraciadas caras no aseguran nítidas miradas, los opulentos músculos no auguran siempre cálidas alianzas y los largos penes no tienen por que conllevar sentidos placeres. La estética que te prendará no residirá en los patrones de la moda, surgirá con fuerza producida por los estímulos de tu corazón.
Pero si aprendes a vivir amando, tu vida puede resultar una fantástica aventura...
A medida que avanzas en la satisfacción de los encargos de tu andadura debes sentir que fomentas los alientos de tus más pulidos quereres. Los dones físicos que te describen viven atractivos en ti. Llévalos con orgullo toda tu vida y no dejes que nada ni nadie tuerza estos estupendos donativos en nombre de la herética hermosura. Cuando ceses tu camino no podrás contar tus dividendos con lo que es tuyo. Tus más valiosas rentas producirán sus intereses en aquello que has dado y en lo que has compartido. Así debe ser. En los idílicos anhelos de cada mujer se ha tejido un concepto utópico de hombre. En su destino suele implantarse un proyecto real que deberá conjurarse contra las odiosas comparaciones y demostrar que lo normal, si se aprecia como bello, puede anular los desvelos por lo quimérico. Los celos, en ocasiones, pueden ser comprensibles, incluso aceptables, pero nunca razonables. Los celos pueden dañarte pero nunca violentarte para hacer mal a quien amas. Al amor le revienta la necia desconfianza y le causa pavor la venganza. Aquello que hoy te llena mañana, puede vaciarte. Tal sentencia suele relacionarse con el poco arte de los caprichosos, pero aun siendo rigurosos en cada elección los imprevisibles cambios que nuestra maduración conlleva pueden un día aplicárnosla. Si tu compañero se asienta con exagerado placer en la avaricia, desconfía. Su codicia no tendrá tampoco clemencia contigo y serás producto de sus intercambios. Con aquel montero que se sitúa con seductora leva en puesto de vigía debes ir con cuidado: primero va a ver en ti una posible presa. Quien asevera que la apasionada gula en las camas sana la coexistencia va en su promesa muy errado: tan sólo disimula el alejamiento. Cuando el conducto de la comunicación se ahoga, aboga pronto por ventilarlo porque sino se asfixiará la convivencia.
Así, no debes nunca olvidar que en la reñida partida del vivir los ases se ocultan en tu corazón...
Andando al son de un sentimiento debes sentirte emocionada: cual princesa, cual cantora, cual flor que se abre, el amor siempre estrena una ilusión. No frena el mar sus olas cuando asoma por la playa. No frena el viento, no calla su aliento, cuando toma el encinar. No frena el amor, te doma y te lanza, te cautiva y aviva tu despertar. No frena el amor, te alcanza, te ata y te llena, te ilumina y mata tu pena. No frena el amor, avanza y camina, no lo extravíes, no te quedes atrás. Cuando te ríes, vives, cuando lloras, reposas. No te vuelvas holgazana, cánsate hasta que no puedas más, antes de descansar. Si te miras en el espejo y te percibes siempre fea cubrirás tu mirada con una coraza que impedirá a la gente descubrir lo que tú no encuentras, tu belleza interior. ¿Por qué decoras la cana? ¿Por qué no osas mostrar tu añejo resplandor? Aquel que te vea arrugada en su indolente visión ignorará tu corazón. Aquel que reza por tenerte suele verte igual de resplandeciente. Enlaza el pasado con el presente y muéstrate tal cual estás con descaro. En el vivir tu exterior no se ha vuelto raro, tan sólo se ha dibujado con el fulgor de tus vivencias. Las peores demencias están carentes de amor. Amando nos llenamos de cordura y aquellos que son impotentes para el cariño tarde o temprano fregarán los albores de la locura. Aquel que alimenta el aliño de sus experiencias pisando la prosperidad de los demás no merece obtener un solo provecho. El techo de un proceder tirano viene determinado por la conformidad de su víctima. En el amor no existe la última palabra. La armonía debe asumir el reto de exiliar el asustado acato y asienta el porvenir en el respeto. Deja que tu pareja abra la puerta de sus sentimientos, pues si intentas exigir su salida abriendo una brecha pueden salpicarte sus tormentos.
Y al final todo puede resultar muy fácil si abrimos las emociones y nos dejamos llevar por los sentimientos.
La más exquisita bienvenida realiza su viaje en la mirada de aquellos que te aman. Ni el linaje ni un contrato deben obligarte a querer a nadie. Cuando el amor irrita sus cepas a veces hay que olvidar la tuerta cosecha. Cuando la reservada afonía del corazón impide expresar las emociones, los sentimientos se tornan también callados. Ocultando lo que sientes detrás de mapas resguardados previenes los lamentos, pero también refutas mil primorosas canciones. Dejando pendientes imperiosas soluciones que te alarman, forzando la unión de lo que se divide, tapando con bienes lo que adoleces, ocultando tu perder tras las necesarias permutas, evitando romper las armonías de diversos inocentes: el inventario de las ordinarias fullerías que aguantan algunos matrimonios lo conforman muchas y diversas excusas... Y es que cuando el amor te trata mal, te sientes habilitado para insultarlo... En el desamor no existen ni querubines ni demonios. Todos somos víctimas de los mismos males y aguardamos en un desesperado purgatorio. Cuando en el oratorio de tus íntimas reflexiones rezan a diario reclusas inquietudes, quizás deberás buscar las virtudes que con tus fines actuales no mereces en otras direcciones. Aquello que te altera la sangre quizás nunca enamorará a tu corazón. Cuando la pasión bebe solo de lo físico acaba quedando sedienta. El sexo rápido es como comer un emparedado de caviar sin apenas cenar. Un intrépido tigre en la cama puede resultar tísico a la hora de dar aliento a un alma enamorada. Si lo que has leído acrecienta tus penas, olvídalo. Aquel pensamiento que aleja lo que se espera debes también ahuyentar. Si el nexo entre tu reflexión y tu ilusión no revienta la esperanza se merecerá una alabanza. Si en la calma de lo vivido y lo que vives se halla la paz, si en el equilibrio entre lo dado y lo recibido encuentras un sobrio bienestar, si en la animada expectativa de lo que te aguarda no falla tu intuición, entonces haz lo que debes: omite lo que en mi escribir te conté y sigue dejando que tu vida te invite a vivir.

¿Y ya está? Aunque he de reconocer que me he recreado con este, para mí, apasionante juego, pienso que ya hay suficiente. Más de cien ideas que invitan a la reflexión. Tan solo esto te ofrezco. No busco que las compartas. No quiero tu fe. Me conformaría con una lectura meditativa, pues aquello o aquel que te hace cavilar acaba haciéndote un muy gentil regalo.


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