21 ago. 2010

Una oda de amor, un poema de adiós al ser amado...

REPOSICIÓN


Acabé mi oda con dolor, un poema al adiós del ser amado...
(del libro "A la luna, a ti, mi cielo, y a mis queridas estrellas")

Quisiera cerrar ya mi tintero, querría guardar ya mis palabras para que mis sentimientos pudieran descansar en el lecho del silencio. Me duele el corazón y mi alma empieza a desesperarse en un llanto que cada noche vuelve a suplicar al cielo, a mis queridas estrellas, que puedas algún día llegar a quererme. En la carrera del tiempo, en mi existir diario, la melancolía empieza a ganar minutos al eufórico bienestar del enamorado. Mis besos se cansan de no encontrar tu boca, mis manos empiezan a no comprender que deban acariciar el vacío cuando se les ha prometido el cielo, mis ojos se cierran y entristecen su mirada al no encontrar tan a menudo como quisieran tu anhelada sonrisa, tu soñado ser. Mis sentidos, mi cuerpo, todo yo estoy tan confundido que ahora mismo no puede planear ni mi futuro ni mi presente y mi mente empieza a exigir un cambio de rumbo, temerosa de que aquella mítica o poética sentencia que avisa que uno puede “morir de amor” llegue a verse cumplida en mi caso. No sé si puedo seguir escribiendo, no sé si debo, ¡pero lo necesito tanto! Hoy por hoy esa es aún la única vía que tengo para dejar correr libremente mis pensamientos, mis sensaciones, mis sentimientos, mi amor por ti, y siento que si me cierro este camino todo puede acabar perdiéndose en un inútil olvido.
Pero no será verdad. Aunque el dolor que me invade a veces llega a ser tan profundo que hiere mi alma y rompe mi mundo, nunca podré olvidar todo aquello maravilloso que me has hecho sentir y tu imagen, tu dulzura, tus palabras y tu hermosura se han gravado de tal forma en mi existencia que en la historia de mi vida, en el libro de mis andares terrenales, tu te ha ganado ya el derecho a imprimirte en la portada.
Tú me has regalado un sueño, un fantástico sueño que me ha hecho despertar de mi conformidad ante lo establecido y ha iluminado un camino que en el anhelo aparece tan hermoso que me impide ahora mismo aceptar cualquier otra salida. No puedo mirar hacia ningún otro lado y empiezo a sentirme prisionero de mis deseos, de mis esperanzas. Me encuentro encerrado en un laberinto y mi pasión por la vida se está fusionando peligrosamente con mi ilusión por explorar una presunta verdad que se edifica en una utópica hipótesis en la cual tu apareces como aquel ser único que puede llegar a fundirse eternamente con el mío.
Y aunque no quiera debo. Aunque no pueda debo. Aunque me muera no quiero seguir sufriendo, no puedo seguir escribiendo y debo empezar a despedir mis declaraciones escritas, debo aprender a dejar de dibujar mis oraciones en el papel y limitar por ahora mi amor a las sencillas canciones que mis ojos, mi boca y todo mi cuerpo, mientras tengan aliento, regalen al viento, al cielo y a lo profundo de mi pensamiento.
Esta habrá sido una muy bella historia de amor, un amor casi seguro imposible, un amor que solo habrá existido en el suspiro de un soñador. De ningún modo puedo jurarte, mi vida, que no llegará un día en que mi corazón se rinda al desespero de no tenerte y quiera archivarte en el rincón de los deseos no cumplidos. Si puedo, en cambio, asegurarte que ya nunca te olvidaré, Tu serás, desde ahora y para siempre, mi secreto más bello, un secreto protegido por la intimidad de una conciencia, por la soledad de una alma enamorada que quiso buscar en la ciencia del amor un lugar para la mujer amada y no lo encontró. Fueron quizás demasiadas dudas las que se lo impidieron, o a lo mejor había que pagar demasiados tributos al dolor de otros seres queridos, ¿o puede que fuera la cobardía de un hombre idealista que no se atrevió a romper con sus principios de honestidad?
Sea como sea, ¿importa mucho? Seguramente mi relato acabará resumiéndose como en un cuento: “Había una vez un romántico romance que nunca llegó a existir. Había una vez un profesor, casado y con hijos, que se enamoró perdidamente de una hermosa dama que era madre de uno de sus alumnos. Pero aquel amor se perdió en un canto a las estrellas, se escondió en un baile de palabras escritas y en un colorín colorado encontró su fin sin haber siquiera empezado”.
Así sea, pues. Acabo mi oda con dolor y buscaré en el tiempo otros campos donde sembrar mi pasión. Espero que mis cánticos no te hayan molestado, espero que sepas que en todo momento te he respetado, espero que recuerdes, pequeñita de mi corazón, que si ahora o algún día en tu vida amorosa se produce un vacío y no sabes dónde buscar, muy cerca de tu alma, justo al lado de tu corazón, existe un hombre que te amó y que aún te ama, un hombre que durante mucho tiempo seguirá esperando aquellas palabras mágicas que, surgidas de tus labios, le harían el ser más feliz del mundo: “¿Me invitas a un café? ¿Me invitas a tu vida? ¿Me invitas a una eternidad?”
Llevo ya muchas páginas luchando por poder expresar algo que en su grandiosidad me resulta difícil definir. Un algo que se escapó ya hace tiempo de mis previsiones y que dejó totalmente cojo mi autocontrol obligándolo a andar con unas muletas talladas con la madera más hermosa y noble que jamás árbol alguno haya podido engendrar. Porqué el día que comencé a entrar en este frondoso bosque que mi amor por ti fue sembrando no podía ni soñar que se convertiría en la maravillosa selva en la cual he disfrutado y estoy disfrutando esta arriesgada pero excitante aventura, la más esplendorosa que nunca haya podido vivir. Y en cada uno de los majestuosos y gigantescos troncos que en sus extremidades han visto nacer y crecer las primaverales hojas que mi entusiasmado ser con sus vivencias generó he grabado, junto a tu nombre, un distintivo para que si nunca nadie en el futuro tuviera la suerte de encontrar la entrada de esta preciosa ilusión pueda reconocer todos y cada uno de los pasos que en mi camino seguí: te amé, te he amado, te hube amado, te amaba, te había amado, te amo, te amo, te amo, te amaré y te amaré, te habré amado, te amaría, te hubiera amado,... Y amándote conseguiré seguro un día salir de mi querida arboleda, pero mientras en ella siga alojando mi existir no dejaré de esperar que si alguien acaba descubriendo mi secreta puerta al paraíso antes de mi salida, ese alguien, cariño mío, seas tu. Y si algún día la descubres y decides entrar y aún me encuentro allí no te quepa la menor duda que con tu gesto acabarás completando una misteriosa magia capaz de transformar a un hombre cualquiera en el mortal más dichoso y feliz que nuestro mundo nunca haya contemplado.
Y con esa esperanza debo ya despedirme. Con un beso a tu imagen soñada, con un abrazo al aire que nos separa, con una caricia al papel que algún día nos puede unir y con un último obsequio, un suspiro: una modesta poesía que resume mis ansias, mis penas, mis ilusiones y sentimientos, mis canciones y pensamientos, todo aquello a lo que en mi vida hoy, mi amor, aspiro: que algún día seas mía, me despido...


A la luna, a ti, mi cielo,
y a mis amadas estrellas.
Al aire, que te trajo en su vuelo,
y al son de mil canciones bellas.
Al dulce soplo del viento
y al compás del débil latido,
que deja mi corazón partido
y acaricia mi tormento.
Al llanto que me entristece
y a la marinera brisa,
al sueño, que mi ilusión mece
y al brillar de tu sonrisa.
Al amor vuelto leyenda
y al recitar de un poema,
a la angustia que me quema
y a tu aroma que me prenda.


A todos ellos, cual bellos anhelos de la esperanza,
mientras el tiempo avanza y te busco en mi destino,
lanzo mis dardos, mi canto afino en forma de romanza,
confío mi sino, los fardos pesados de la tristeza,
cual flechas de amor que mi Cupido lanza,
cual niño que reza y en su rezo encuentra el alma,
cual mar que se calma, llega a su puerto y danza.


Al siseo de tu nombre
y a los versos que te canto.
A la cruel honradez de un hombre
y al embrujo de tu encanto.
Al sentir de una caricia
y a la fuerza de tu aliento
al vivir de un sentimiento
y al deseo que me vicia.
A tu cuerpo de mujer
y a tu mirada profunda.
A mi amargo amanecer
y al bienestar que me inunda.
Al adiós vuelto hasta luego
y al quererte hasta la muerte.
A lo injusto de mi suerte
y a los miedos de mi ego.


A todos ellos, aquellos que rigen mi vida,
mi luz, tu ser, que me anida, y mi corazón partido,
rindo homenaje, sentido por sentirte, querida,
vestido el traje, tejido de tu piel, tu aroma,
y al cielo miro y te declaro, para siempre, pedida,
y cual paloma mensajera hago mi entrega, reposo,
y con un te amo orgulloso aquel que espera, ya no olvida.


Tuyo para siempre

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