27 ago. 2009

En la Tierra de Nunca Quizás. Libro I. La Nación de Goig. INTRODUCCIÓN (5)



2.5. El tren de medianoche: De como se lleno un tren que partía hacia la tierra prometida…


Teresa vivió una semana de auténtica locura. De una banda iba haciendo todos los preparativos para un viaje que no sabía ni a donde se dirigía ni cuánto tiempo iba a durar. Eso, de entrada, suponía inventar unas explicaciones que debían ser creíbles… Al final optó por contar medias verdades: iba a llevar a cabo un viaje de salud, cierto, a un balneario del Norte situado en los Pirineos donde su amiga Pilar, la de Bilbao, estaba experimentando unos tratamientos de terapia intensiva que parecía funcionaban muy bien…, falso… Nadie debía esperar que se comunicara vía telefónica durante el tiempo que estuviera fuera.
De otra banda, la lucha de siempre: el lunes tenía claro que marchaba, el martes dudaba, el miércoles, ¿cómo no iba a ir?, el jueves decidió que no, que todo era una fantasía y no iba a perder el tiempo… ¡Sus miedos!
Fuera como fuera llegó el domingo y Teresa estaba en Madrid. Llegó a media tarde y estuvo paseando un rato por el Centro, pero se sentía inquieta y a las 9 de la noche ya estaba en Atocha. Cenó algo ligero en la cafetería mientras releía el periódico que compró por la mañana, hizo la última llamada a sus hijas y… ¿Qué iba a hacer? Se dirigió al Andén 29…
En el vestíbulo de la estación había un empleado de RENFE y Teresa se dirigió hacia él…

-Mire usted, ya sé que es un poco raro lo que le diré, pero… A ver, resulta que alguien me ha dicho que debía tomar un tren a medianoche, con un destino que… Vaya, que no recuerdo… Me dieron como referencia el Andén 29 y… Es que, se supone que no necesito billete…

El empleado se sonrío.

-Vaya tarde-noche me están dando… Aunque hasta ahora nadie había empleado tantas vueltas para preguntar. Sí, ya sé, el tren de medianoche a Goig. ¿Me acompaña?

Uf. Teresa se sintió más tranquila. ¡Mucho más tranquila! Acompañada de aquel hombre cruzó todo el vestíbulo y se dirigieron hacia una de las paredes laterales. Allí el empleado sacó unas llaves del bolsillo y abrió una puerta.

-Es que es un andén privado, ¿sabe? –le dijo- Mire, siga el pasillo y cuando llegue al fondo gire a la derecha. Entonces verá unas escaleras, las baja hasta abajo y encontrará el Andén 29.
-Muy agradecida – se despidió Teresa.

Hizo tal como le indicaron y efectivamente, allí estaba. Mientras bajaba las escaleras se dio cuenta de que había llegado mucha gente ya. A algunos los conocía, pero a la mayoría no… Y había personas que, seguro, no estaban en el Congreso… ¿Cómo se habían enterado de la existencia de este tren? Teresa vio a hombres y mujeres de muy distintas razas y culturas, de todas las edades,… Era más que evidente: la necesidad de ir tras los sueños no era patrimonio de ninguna etiqueta.
¡Allí estaba Pilar! ¿Qué alegría! Durante la semana hablaron por teléfono varias veces y Teresa no tenía nada claro si su amiga al final se decidiría o no…

-¿Cómo está mi flor de azahar?- la saludó Pilar.
-Anda ya, que más que una flor parezco un flan. ¡Dame un abrazo!

Se abrazaron fuertemente durante un largo instante… Sí, eso escribí, un largo instante…

-Estás temblando, vida- susurró Pilar
-Pues a mí me parece que tiemblas tú- respondió riendo Teresa.
-Pues… ¡Será que temblamos las dos! Ja, ja, ja… ¿Nos sentamos en este banco? Te guardaba el sitio, por si venías…

Sentadas bien juntitas y agarradas de la mano estuvieron mucho rato calladas. ¡Había tantas cosas que temían preguntar! ¿Quizás les daba miedo obtener una respuesta que les hiciera dar media vuelta?
Eran aún las diez y media y el andén se estaba llenando cada vez más y más.

-Pues parece que existe el Andén 29. Yo no lo tenía nada claro…-soltó Teresa.
-Ni yo… ¿Te digo un secreto? Venía pensando que si todo era una broma de mal gusto, pues, mejor…
-Estás asustada, ¿verdad? Yo estoy cagadita…
-Es que… Es una aventura… La gran aventura… Eso que soñé toda la vida y… No sé si estoy preparada, no sé si seré lo suficientemente valiente, no sé si seré lo bastante digna, no sé…

A Pilar se le estaban saltando las lágrimas. Teresa volvió a abrazarla y, acariciándole la cara, hablo muy tiernamente…

-Es normal, vida… Si lo piensas quienes han venido de verdad son dos mujeres adultas arrastradas, cada una, por su niña interior… Y ahora mismo, ¿qué somos? Dos niñas que desean de corazón ver renacer esas mujeres que perciben desconocidas, lejanas, extrañas, esas mujeres que se apartaron tanto y tanto de sus anhelos infantiles y juveniles…
-Sí, lo sé… Pero me da tanto miedo lo que pueda encontrar. Aunque no sea feliz, aunque en verdad soy muy infeliz,… Tengo una vida montada en la que he invertido tanto esfuerzo, y tiempo…
-Pero, querida, no estamos aquí porqué vayamos a desmontar vidas. Me parece que Pablo lo dijo claro, me lo he repetido tantas veces: ser quienes deseamos ser, estar dónde anhelamos estar e ir en la dirección que nos marca de verdad nuestro Yo interno… ¡Ir tras los sueños más…!
-Y, ¿Qué voy a hacer con Jon?
- ¿Tu marido? ¿Quizás lo que deberías haber hecho hace años? Por favor, Pilar, no me salgas con esas… ¿Cuánto tiempo hace que ya estáis separados? Vidas dispersas, ¿no fue así como me lo definiste?
-Pero eso es una forma de vivir consensuada. Tenemos una casa hermosa, buenísimos ingresos a ambos lados…
-Vale, perfecto… Si eso te hace feliz…
-No seas mala, sabes que no soporto esa situación…
-¿Y? Entonces, ¿cómo puedes usarla de escudo para que la brisa que esperas no acaricie tu pelo?

Algo pasaba en el andén. La gente se levantaba y se dirigía hacia las escaleras… Teresa se levantó para ver…

-¡Ha llegado Pablo! ¿Nos acercamos?
-¡Vamos! ¡Claro que sí!

No fue fácil, pues partían con retraso, pero Teresa era muy terca cuando quería algo y así, cuando Pablo empezó a hablar, ella y Pilar estaban en primera fila…

-Estimados amigos… Queridas amigas… Ja, ja, ja… Es broma… Seáis todos y todas bienvenidos y bienvenidas al Andén 29.
Quedan veinte minutos para que parta el tren y os quiero antes explicar algunas cosas.
Quizás estáis preocupados pues veis que hay mucha, mucha gente… ¿Quizás demasiada? De ninguna manera: el tren llegará con tantos vagones como sea necesario. Ni más ni menos.
Sé perfectamente que muchos de los presentes aun tenéis dudas. Puede que todos. La experiencia me enseñó que algunos de vosotros y vosotras no subiréis hoy al tren… No os preocupéis si esa va a ser vuestra opción: habrá más oportunidades… En la vida siempre las hay.
También debo deciros que algunos de los que viajéis vais a regresar en el mismo tren… Eso no va a depender de mí, pero sí de vosotros y vosotras: para permanecer en Goig es necesario encontrar tu Guía. Aquel o aquella que no lo halle probablemente no esté aún a punto para la estancia allí y deberá posponer sus pretensiones para futuros viajes.
Éste no va a ser un viaje de placer, aunque os aseguro que vais a disfrutar… Éste no será un viaje turístico, aunque vais a aprender como nunca antes lo habíais hecho… Éste no será un viaje aventurero, aunque muy probablemente viviréis una de las más grandes aventuras soñadas y por soñar… Éste no será un viaje romántico, aunque os anuncio que algunos y algunas vais a encontrar el amor de vuestra vida… Éste no va a ser un viaje…, para nada. Éste será EL VIAJE. El viaje probablemente más importante de vuestra vida…
¿De qué va a depender esa probabilidad? De cada uno, de cada una… Abrid vuestras almas, vuestros corazones, vuestros pensamientos, … No os escondáis… Dejaros llevar por la vida en Goig, sin expectativas, sin miedo a nada, sin suposiciones o teoría previas…
Escribió Flaubert que los sueños son la sirena del alma. Ella os canta, os llama. Id, seguidla y no retornéis hasta encontrarla. Recordad siempre que una alma rica se nutre siempre de la voluntad, no del deseo. Y andad, caminad, saltad, volad…
Parecéis pajarillos asustados… Venced el miedo, salid de la jaula, liberaros de la esclavitud de esas realidades que os encadenaron, haced nido en los sueños y criad en libertad vuestras vidas.
Muchos lleváis arrastrando desde siempre la sensación de que esa vida que os tocó vivir es como un largo embarazo… Sí, ¿verdad? Os habéis estado gestando a vosotros mismos. Llegó la hora de parir, llegó la hora de nacer. No dejéis que os asusten las contracciones, es puro pánico. Dilatad con firmeza y amplitud vuestra fe en vosotros mismos, dejad que fluya por vuestras venas sangre de color promesa, la que hace tanto os hicisteis, y atravesad la boca del futuro. El destino, vuestro destino dependerá ya de vosotros. Coged las riendas y domadlo a vuestro gusto, a vuestro libre albedrío…
La vida se nutre del tiempo. ¿Queréis amarla de verdad? Subir a ese tren, el tren de la esperanza, de la tierra prometida. Dejad de desperdiciar el tiempo, toca ya alimentarlo con vuestra verdadera esencia. Hacedlo y vuestra vida os sonreirá para siempre.

Pablo callo durante un instante. En el andén no se oía una alma. Teresa se giró y observo a la gente, luego miró a Pablo… ¿Realmente había alguien entre los presentes que no lo estuviera viendo como ella lo veía? Parecía un Profeta…

-Bien. Acabo. Recordad muy bien eso último que os diré. Todo el Universo perceptible es un vivero de sensaciones a las cuales nuestra mente califica, clasifica y da un valor de forma relativa. Vais a realizar un viaje muy especial. No os fijéis, no os ancléis en las distancias apreciadas, ni en los tiempos de trayecto percibidos… No importan. Aguzad los sentidos y mantened la mente muy despierta, pero no para sacar conclusiones, para sentir y para aprender. Os dirigís a la Tierra de los Sueños, a la Tierra de Nunca Quizás, pues sabido es por todos que en la siembra de cada anhelo y en su efectivo cultivo no aseguramos el Éxito, pero sí en cambio mimamos un Quizás que resulta mucho más tentador que ese Jamás al que quisieron acostumbrarnos…

Os deseo, de corazón, seáis muy felices… Estoy convencido de que lo intentaréis y estoy convencido de que Quizás lo conseguiréis… Buen viaje…

Nadie aplaudió. No hacía falta. Además, mientras escuchaban a Pablo el tren había llegado ya. Estaban tan abstraídos que ni se dieron cuenta. Estaba allí, en las vías, con las puertas abiertas.
Teresa y Pilar se dirigieron a una entrada. Iban cogidas de la mano. Al subir al tren Teresa notó un estirón. Pilar se mantenía en el andén. Estaba llorando… Teresa no quiso más que despedirse…

-Vida mía… No puedes, ¿verdad?

Pilar negó con la cabeza. No podía hablar. Teresa soltó su mano y terminó de entrar. Se sentía muy triste, por su amiga, pero ella sí iba a emprender ese viaje…

-Te quiero, mucho. Te veré muy pronto.

Y las puertas se cerraron y el tren emprendió la marcha.

CONTINUA

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