26 ago. 2009

En la Tierra de Nunca Quizás. Libro I. La Nación de Goig. INTRODUCCIÓN (3)


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2.3. NOSCE TE IPSUM “El autoconocimiento y las estrategias relacionales”: De cómo un alma prepara su viaje hacia la libertad…

El Salón Reina Victoria estaba lleno a rebosar. Hombres y mujeres de toda España, quizás incluso de fuera, profesionales de todos los ramos, estudiantes, jubilados… Nunca es tarde para el saber… ¿Pronto? Eso sí, a veces el conocimiento llega demasiado temprano y no sabes procesarlo. Pero bueno, ¿no dicen que “el saber no ocupa lugar”?
Montse Sayol, la promotora del Congreso y amiga, cómo no, de Teresa, estaba en el fondo de la sala flanqueada de tres señores y tres señoras que debían ser los ponentes. Con el micrófono en la mano intentó hablar…

-Queridos amigos y amigas. Silencio por favor… Buenos días. Me presentó: soy Montse… A mi izquierda os presento a… derecha…Gómez…a las diez…cena de gala… mañana… clausura…sala de actos…bienvenidos.

¡Qué rabia! Pero que mal educada que era la gente… Entre que el micrófono no marchaba bien y que casi nadie callaba, Teresa no se había enterado de nada.
En esos casos solo quedaba hacer una cosa: seguir la corriente… La gente de delante estaba marchando hacia… Pues a marchar… ¿Hacia? ¿Hacia? La Sala de Actos, claro…

A veces no es necesario gastar tinta para narrar aquello que para el hilo argumental va a resultar intrascendente. Escribiendo detalles banales podría alargar la espera, llenar páginas y más páginas: las distintas ponencias, los entremedios, las charlas superficiales de la comida, … Podría contar lo guapa que estaba Teresa en la cena de gala, de cómo no quiso sumarse a la asistencia posterior a la discoteca, de cómo tardó y tardó en poder dormir aquella noche, de… Pero si lo hiciera estaría trampeando la verdad, daría una impresión falseada, pues en todo aquello que he listado, Teresa no estuvo… ¿Y pues? ¿Dónde estaba? Metida, muy metida en sí misma… Repitiéndose una y otra vez aquellos argumentos que parecían a la vez clavarla en el suelo de las realidades e invitarla a volar sus sueños…
Teresa hacía sólo seis meses que se divorció de su marido. No hubo salida, no pudo ser, ambos lo entendieron así… Llevaban demasiado tiempo separados. La vida a veces gasta esas bromas: nos une para luego llevarnos por caminos de madurez totalmente divergentes. Y un día te paras y buscas al otro, y está tan lejos, tan lejos de ti… ¿La vida? Quizás el destino, quizás nosotros…
Teresa llevaba tanto tiempo cansada de vivir la vida de los demás. Una vez leyó en un tratado de psicología un perfil que describía muy bien su forma de relacionarse: “intentar asentar tu propia felicidad en conseguir que los demás sean felices…”. ¿Y no era eso lo que había hecho o pretendido hacer toda su vida? Con el pretexto de conseguir que los demás se sintieran bien, ¿cuántas veces acababa accediendo a sus demandas aun a sabiendas de que eran contrarias a lo que ella en verdad le convenía, interesaba o simplemente apetecía? Ya no se trataba muchas veces de cosas importantes, a veces simples caprichos ajenos se sentaban sobre sus sueños o sus anhelos y los aplastaban…
Mientras fue creyendo que esa era su forma especial de vivir y relacionarse todo era relativamente soportable. Pero dentro de Teresa se fue produciendo un vacío cada vez mayor. Intentó llenarlo con hobbies y ocupaciones, con salidas y encuentros especiales con las amigas, con lecturas románticas que suplieran con lo leído lo no tenido… Pero nada de eso servía, pues Teresa no dejaba de ser una mera proyección de los demás y no aquello que realmente deseaba ser.
Con el paso de los años se instauró en su interior una amargura, una tristeza difícil de procesar. Comprendió que detrás de ese deseo de Dar, siempre existía la necesidad de recibir… que su amor hacia los demás no era todo lo altruista que ella misma había deseado ,… Tanto hablar de Amor Incondicional, tanto hablar de la entrega hacia el prójimo… Teresa, poco a poco, se fue haciendo consciente que, tras tanta entrega, solo existía su necesidad de llenar su propia soledad, tras tanto derroche de energía, de disponibilidad , solo existía su necesidad de ser aceptada, de sentirse útil, un aplauso, una palmadita en la espalda, quizás un abrazo… iba comprendiendo que su modus vivendi no era más que una excusa cobarde para no luchar contra esa inseguridad que desde pequeña arrastraba, contra ese vacío interior y esa necesidad de ser amada y comprendida . Casi todo lo que hacía lo hacía para agradar. Y seguro que lo conseguía, en muchas ocasiones, que no en todas. Pero, ¿y ella? ¿Se agradaba a ella misma?, ¿realmente sabia amarse?
Otra excusa pueril que con los años entendió que usaba para justificar su falta de coraje era un “rechazo a los conflictos” que aupaba la rendición al podio en cada carrera de intereses. Teresa sabía de dónde venía ese argumento: su miedo al grito, a la discusión fuerte y a cualquier situación que oliera simplemente a violencia, todo ello la invitaba al sacrificio contante de sus propios sueños y anhelos frente a la rendición de ceder a las constantes necesidades del resto del mundo, excluyéndose como si ella no perteneciera a el.
La otra era ya rotunda: “Yo no puedo hacer daño a la gente que quiero”… Con esa se inmovilizaba ante cualquier sentimiento que implicara rotura o cambios importantes.
Con todo eso encima, ¿cómo iba a sentirse Teresa? Era Nada, era Nadie, era su propia negación. Y claro: explotó… Un día, por una tontería, explotó… ¡Siempre a vuestro servicio! ¿Y yo? ¿No cuento para nada?… Tampoco es que fuera una exageración, pues Teresa se frenó pronto, pero aquel día gritó como nunca lo había hecho. Aquel mismo día Teresa entendió que debía cambiar y empezó la etapa de los “procesos”.
Así, le dijo a su marido que quería separarse, decidió cuidarse y escucharse tanto como pudiera, que poco a poco aprendería a decir “NO”, que… Así… Así estuvo Teresa no recuerda cuanto tiempo hasta que se cruzó con su amiga Meritxell…
Hacía pocos días habían coincidido en una reunión de amigas y Teresa se había extendido mucho hablando de cómo le iban las cosas, de cómo se sentía, de… Aquel día se encontraron por la calle y decidieron tomar un café. Meritxell era de esa clase de personas que en la sencillez buscan el bienestar. De su grupo de amigas era quizás la más franca de todas… Con la taza en los labios la miró fijamente y dijo:

-¿Cómo va la señora procesos?
-¿Qué quieres decir? - respondió Teresa.
-Mira, no te enfades pero das pena… Llevas años lamentándote de lo mismo. Actúa de una vez, coño, o acepta las cosas como son y deja de quejarte… -entonces cambio la voz y con tono falsete soltó- “Estoy en proceso de separación, estoy en proceso de autoconocimiento, estoy en proceso de…”-y recuperando la voz normal siguió- Si quieres separarte ve mañana a ver un abogado, si quieres conocerte, lo cual me parece una solemne tontería, pues ya te conoces más que bien, ve detrás de tus sueños… Si quieres intentar ser feliz, SÉ TÚ MISMA… Ah, y uno no aprende a decir “NO”… Dices “no” y sanseacabó… Mira que fácil…
Aún ahora Teresa no tenía claro si debía haber dado un bofetón a su amiga o abrazado… Pero se quedo muda… Eso sí, a la mañana siguiente fue a ver a un abogado. A los tres meses, con un proceso de por medio en el que se pactó un mutuo acuerdo, estaba divorciada
El divorcio fue un paso importante para intentar recuperar su vida, pero no definitivo… A parte de suponer un hito importante en la victoria sobre muchos miedos ese paso supuso que Teresa, quizás por primera vez en su vida, tuviera la sensación de ser absolutamente dueña de su futuro.
A partir de aquel punto Teresa paso una temporada, que aun duraba, muy metida en sí misma. Mucha gente le preguntaba si estaba triste, si tenía una depresión, si… Nada más lejos. Empezaba a sentirse viva, pero aun muy incompleta. Su sensación era que se estaba gestando algo importante dentro de sí misma, muy adentro… ¿Quizás se estaba gestando ella misma? ¿Iba a ser una nueva Teresa o simplemente iba a recuperarla? Sí, recuperarla… Aquella niña alegre e inocente, aquella chica llena de sueños y valiente… Teresa tenía la sensación de que su evolución iba a ser más un retroceso que una construcción…
No, sus miedos no desaparecieron, pero internamente sentía que podía llegar a utilizarlos más como fuerza que empuja que como freno. Estaba en ello.

Con ese sensacional viaje que Teresa intuía se estaba organizando en su interior, ¿cómo iba a estar muy atenta a lo que pudiera decirle el conferenciante de turno? Había escuchado tantas veces, tomado apuntes, comprado libros… Ahora tocaba escuchar su interior. Estaba preparada, sentía que la hora de partida se acercaba… Y debía hacer el equipaje, escoger aquello que realmente deseaba llevar, y hacer la colada, y darse un baño, dejar la piel sedosa para aquella caricia que el futuro iba a traer, perfumar su corazón para recibir con honores a ese Amor que seguro un día llegaría, limpiar de una vez sus dudas, sus miedos…
Y así pasó, casi, el fin de semana. El problema lo iba a tener Teresa cuando en su empresa le solicitaran conclusiones del Congreso. Pero ya se arreglaría… Quizás le pidiera a Pilar que le explicara… Quizás… Ahora quedaba sólo la ponencia de Clausura, aquella que de entrada le había parecido más interesante… A ver…




CONTINUA



(TEXTO COMPLETADO)

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